Esclavo Corporativo V2-10

Fui a Recibirlo

Fue una experiencia terrible.

Tras su regreso a casa, Seiichirou fue recibido por la doncella Milan. Tan pronto entró a su habitación, dejó escapar un suspiro.

Sus planes para la tarde se arruinaron finalmente por las quejas de Julius y la invitación de Radim al escuadrón casamentero del príncipe.

Seiichirou entendía que el país deseaba asegurar que existieran descendientes de la Santa para que naciera un oráculo que predijera la llegada de la próxima. Si su política de “poner barreras al miasma” funcionaba, entonces no habría necesidad de Santas, pero no se podía predecir lo que sucedería en el futuro. Así que entendía su deseo de tener un plan de respaldo.

Además de eso, el Príncipe parecía estar enamorado de Yua, aunque ciertamente estaba soñando demasiado. Si Yua estuviera dispuesta a corresponder sus sentimientos, le habría informado, pero por el momento Yua deseaba mantenerse alejada de Julius. Y como él era incapaz de entender eso y la perseguía constantemente, resultó en un circulo vicioso en que ella se alejaba incluso más.

Para empezar, si el príncipe decía “Quiero tener un hijo contigo como plan de respaldo, así que quiero que seas mi esposa”. Ella, como cualquier escolar sensata, probablemente lo despacharía con una sola palabra “Asqueroso”.

—Luce algo cansado —dijo Milan mientras colgaba la capa de Seiichirou.

Él había sugerido que prefería ocuparse él mismo de sus cosas, pero ella no le prestó atención y solo contestó:

—Ese es mi trabajo. —E insistió en cuidar de él de cualquier forma posible. Casi desde el principio, ella había entendido que Seiichirou era vulnerable a la palabra “trabajo”.

—No… bueno, supongo que sí.

Ese día fue doblemente agotador de lo normal. Sacudiendo la cabeza, Seiichirou se puso en modo trabajo.

Reunir documentos en la iglesia le estaba yendo bien. Aunque sentía que obviamente eran hostiles hacia él, la seguridad era tremendamente básica. Incluso si existía seguridad, él era un inspector designado por el gobierno, así que debían entregarle los documentos.

El obispo y el contador, que estaban de viaje de negocios en otra ciudad, debían regresar pronto. Y él deseaba tener toda la información para entonces.

El problema era que Seiichirou no estaba familiarizado con la política de la iglesia y la aristocracia, lo que parecía estarle causando problemas.

Seiichirou trabajaba en el departamento de contabilidad, así que prefería lidiar con números. Sin embargo, parecía que no podía permitirse eso en este caso. Básicamente, en este país todo estaba relacionado con la aristocracia. Norbert decía que todas las personas poderosas en la iglesia eran de origen aristócrata, y aunque ser enviado a la iglesia se consideraba un honor para los extranjeros, no todos deseaban estar allí.

Cuando Seiichirou pensó en esas “personas poderosas”, la primera que se le vino a la mente fue ese sacerdote, a quien Seiichirou no escuchaba mucho. Tenía el comportamiento de un aristócrata, así que Seiichirou no dudaba de la información de Norbert. De hecho, él mismo había asumido que era un aristócrata desde el principio. Ese sujeto parecía responsable en su trabajo. O, más bien, era un devoto creyente.

Pero era cierto que algunas personas, las que daban instrucciones a Celio y los otros aprendices, parecían bastante arrogantes. Esos debían ser de la aristocracia. Por tanto, su actitud era comprensible, asumiendo que estaban ventilando su insatisfacción por su propia presencia en la iglesia.

Desde el punto de vista de Seiichirou, un trabajo era un trabajo, y sin importar lo desagradable que fuera el trabajo, no tenía opción más que hacer lo que le ordenaran. Así que aunque la raíz del problema no estaba clara, podía entender por qué.

Hablando de eso, Seiichirou se preguntó si los aristócratas que se unían a la iglesia ya no tenían lazos con sus familias. Según recordaba, Siegwold no le había mencionado su apellido tampoco.

Justo cuando Milan estaba dejándole un cambio de ropa, Seiichirou decidió preguntarle al respecto. Había estado trabajando para la familia del marqués durante mucho tiempo, así que estaba más familiarizada con la situación de la aristocracia que Seiichirou.

—Es diferente dependiendo de cada persona. Mientras pertenezca a la iglesia, no puede ser miembro de ninguna familia. Sin embargo, algunas personas reciben apoyo de sus padres, y algunos niños de familias acomodadas son enviados a la iglesia temporalmente para aprender a comportarse. Así que no es como si cortaran todo lazo con ellos.

Cuando Seiichirou había explorado la iglesia, vio algunas habitaciones bastante lujosas. Se preguntó si eran de los hijos de los aristocratas que habían sido confiados a la iglesia.

Aún existían muchas cosas que no sabía. Tal vez sería mejor revisar todo con Kamil una vez más. Pero bueno, era el Primer Ministro. No era exagerado decir que era la persona más ocupada en el país, así que aunque Seiichirou fuera a solicitar una reunión con él a corto plazo, era imposible decir cuándo sería posible.

—Disculpe la intrusión.

La persona que golpeó educadamente y entró en la habitación, justo cuando Milan se marchaba, era Valtom, el mayordomo de la casa.

—El amo Aresh ha regresado. Si no le molesta, salga a recibirlo, señor —dijo con una reverencia perfecta. Seiichirou miró su reloj y vio que aún era la hora del viento (alrededor de las 5 p.m). Aresh llegó temprano. O más bien, Seiichirou casi llegó tarde a la casa, un poco más tarde y se habría topado con él, aún con el uniforme puesto.

Con un escalofrío de temor en el corazón, Seiichirou fue a recibirlo.

Parecía que Valtom había trabajado para la familia del marqués desde que Aresh era niño, y aunque era su mayordomo, también era como un padre para Aresh. Siempre estaba a su lado y era el único que podía amonestarlo.

Que Valtom le pidiera que fuera a recibir a Aresh solo podía significar una cosa, pero decidió hacerse el ciego por el momento. Al principio había deseado preguntarle a los sirvientes de la casa qué pensaban de Aresh, pero no pudo encontrar la valentía para hacerlo.

Sin embargo, incluso Seiichirou tenía que recibir al dueño de la casa.

~~~

—Bienvenido, señor Aresh.

Aresh abrió mucho los ojos durante un segundo, y luego frunció las bien formadas cejas ante el saludo de Seiichirou. Estaban parados en el vestíbulo de la casa, que era tan grande y lujoso como el vestíbulo de un hotel.

—… ¿qué estás planeando?

—Que grosero —dijo Seiichirou sin expresión.

Aresh continuó aproximándose a Seiichirou con una mirada suspicaz mientras le tendía su capa y bolsa a Milan.

—Al menos puedo dar la bienvenida al dueño de la casa. ¿Por quién me tomas?

—Un extremo adicto al trabajo.

Seiichirou se esforzó por recibirlo y esto era lo que obtenía a cambio. Mientras cavilaba la idea de no salir a recibirlo de ahora en adelante, la mano huesuda de Aresh acarició el costado de su cabeza. Las palabras de Aresh no parecían encajar con sus acciones, pero parecía estar complacido. Sin embargo, Seiichirou, nacido y criado en Japón, país de la modestia, se distanció de ese toque.

—…

La arruga entre las cejas de Aresh aumentó, pero no podía hacer más enfrente de Milan y Valtom. Mientras Seiichirou fingía no darse cuenta e intentaba retroceder, la voz agradable de Aresh lo detuvo de golpe.

—¿Quieres ver la información que reuní sobre la siguiente expedición?

—¡Sí quiero!

~~~

—Ya está planeado que se complete la purificación durante esta expedición, propuse que los magos y constructores de la barrera deberían ir con nosotros y esperar en la aldea cercana, pero ¿no lo aprobaron? —preguntó Seiichirou mientras miraba los documentos.

«Habría sido más barato. Que lástima.»

—Se espera que se complete la purificación, pero aún no es definitivo. Necesitamos revisar después del proceso de purificación, y con la escasez de magos, no podremos reunir suficientes para colocar las barreras al mismo tiempo.

—Entonces, ¿la respuesta es reorganizar la expedición para crear las barreras…?

El presupuesto del Departamento de Magia había sido revisado e incrementado, pero el número de personal no había aumentado. No cualquiera podía convertirse en mago, así que la situación era muy difícil.

—Para ser designado al Departamento de Magia, se debe tener un cierto nivel de poder mágico. No hay muchas personas que excedan ese nivel.

Como la magia era normal en este mundo, Seiichirou creyó que todos podían utilizarla, pero parecía que variaba de persona a persona.

—Además, es mejor tener un nivel alto de resistencia al maná para trabajar en el Bosque Mágico.

Tanto el poder mágico como la resistencia al maná diferían considerablemente entre individuos, y alguien que poseyera ambos era casi un ser dotado. Por eso la Tercera Orden de Caballeros era tan admirada y tan prestigiosa.

—Los miembros de la Tercera Orden de Caballeros son hábiles en controlar la magia a través de su fuerza mental y física. ¿De qué sirve tener poder mágico si no se puede controlar? ¿Eso significa que podrían perder el control o algo así?

Seiichirou recordó un anime que había visto cuando era niño, en el que los superpoderes de un personaje se salían de control.

Aresh asintió en silencio.

—Sí. Por eso los niños con esas tendencias son enviados a las iglesias, normalmente.

—¿La iglesia…?

Ahora que lo mencionaba, la iglesia tenía barreras por todos lados. Además, había una mezcla de aristócratas, civiles y huérfanos trabajando allí. ¿Era ese el resultado de reunir gente con fuerte poder mágico y resistentes al maná, sin importar su estatus?

—Ya veo… ahora entiendo.

Algo suave tocó el cuello expuesto de Seiichirou mientras cavilaba.

—Señor Aresh… —dijo Seiichirou, deteniendo lo que hacía para mirar a Aresh.

—¿Qué? —respondió Aresh, con cara inexpresiva, como si no hubiera hecho nada. Entonces, sus dedos, que estaban entrelazados con los de Seiichirou, se movieron.

Como condición para que le mostrara los documentos, Seiichirou se vio forzado a sentarse entre las piernas de Aresh en el sofá, así que no tenía forma de escapar. Su mano derecha estaba atenazada y su izquierda se deslizó por el interior de su muslo.

—Aah…

—Lanzaré una barrera sobre ti.

Con eso, un encantamiento que sonaba como canción fue canturreado junto al oído de Seiichirou. La calidez lo envolvió, y aunque estaba mareado, Seiichirou miró a Aresh con más cordura que nunca.

—S-señor Aresh… aah… lo haré con mi b-boca, así que…

La forma más rápida de aclimatarse a la magia era ingerir fluidos corporales en vez de contacto íntimo. Seiichirou incluso lo sugirió como agradecimiento por su ayuda, pero Aresh sacudió la cabeza.

—No, está bien. Más importante, date la vuelta. —Mientras lo decía, giró el cuerpo de Seiichirou para que estuvieran cara a cara. Como era de esperarse, Seiichirou se sobresaltó y luchó por levantarse del regazo de Aresh.

—¡Señor Aresh! ¡Soy demasiado pesado! Bájame…

—No eres pesado. Solo cálmate.

«Es imposible que no pese. Soy un adulto ¡por dios!» pensó Seiichirou, pero los brazos de Aresh lo contuvieron, sin vacilar. Eventualmente, Seiichirou se cansó y se relajó. Y los brazos de Aresh también se aflojaron.

—¿Q-qué… qué estás… ha-haciendo…?

Aresh aflojó los pantalones sueltos de Seiichirou, que solo estaban sujetos por una cinta, y lo acarició directamente.

—Aah… estoy bien, así que no n-necesitas… aaah… solo quiero…

Seiichirou consiguió echar las caderas atrás e intentó escapar, pero las grandes manos de Aresh lo acariciaron y frotaron dentro de la ropa interior, haciéndolo jadear. Poco a poco, Seiichirou empezó a escuchar los sonidos del líquido proveniente de su cuerpo.

—Aah…

Se sentía resbaloso. Creyó escuchar la voz baja de Aresh, llena de lujuria, y ahora una clase diferente de calor se frotó contra la erección de Seiichirou.

—¡Ah?! Eh… Aresh… oh!

Cuando Seiichirou abrió los ojos, descubrió que el miembro de Aresh y el suyo estaban envueltos en las manos grandes de Aresh y se frotaban simultáneamente entre sí.

Incluso si deseara escapar, la fuerza de Seiichirou ya se había agotado por el hechizo, y su fuerza física natural no era rival para la de Aresh. Así que, al menos, se esforzó por persuadir a Aresh, alejando la cintura.

—…¡Aah! Aah… ! S-señor Aresh! Por… por favor… mmm… ¡déjame usar la boca!

—No.

Levantó la vista cuando el aliento caliente de Aresh le sopló en la cara, y lo lamentó. A esa distancia tremendamente cercana, podía ver las mejillas sonrojadas del hombre atractivo y sus ojos purpura oscurecidos por la lujuria, observándolo.

—Señor A-aresh… es imposible.. ah… es… demasiado vergonzoso…

—Ja. Mírate, tan hablador —murmuró Aresh entre dientes mientras exhalaba ese aire caliente, y entonces se apoderó de esa llamada boca habladora.

—Mm… nn… aah… mmm.

—Aah… mmm…

Mientras los sonidos vergonzosos resonaban arriba y abajo, Seiichirou no pudo hacer nada más que aferrarse a Aresh.

En conclusión, pedirle consejos amorosos a Seiichirou no era lo correcto. Después de todo, aún no era capaz de afrontar los problemas de su propia relación apropiadamente.


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