Moneda de la Suerte 19

Cuando sonó la campana después de clases, Chu Yi estaba mirando por la ventana aturdido. Había estado esperando esa campana toda la mañana, y su mente volvió de su vagabundeo más allá del cielo en menos de un segundo.

El profesor no alargó la clase, sino que directamente los despidió.

Pero cuando Chu Yi trató de echar la silla atrás para levantarse, no lo consiguió. La silla parecía estar atascada.

Volvió la cabeza y vio a Li Zihao sentado en el asiento de atrás, con una sonrisa en la comisura de la boca. Al mirar abajo, vio el pie de Li Zihao presionando sobre su silla.

—¿Por qué no te vas? —Li Zihao lo miró—. Me parece que estás ansioso por irte.

Chu Yi no contestó, solo giró la cabeza al frente y continuó sentado en la silla.

—Vamos —dijo Li Zihao burlón—. ¿Qué haces sentado allí como pasmarote? Creo que recientemente…

Los estudiantes de la fila de enfrente se levantaron y se fueron. Chu Yi empujó el escritorio hacia adelante, pudo levantarse y caminó hacia la puerta.

Li Zihao lanzó una patada a la silla vacía, y se escuchó el rechinido de las patas contra el piso.

—¡Detente allí! —Li Zihao se enfureció, se levantó de un salto y golpeó el escritorio.

Chu Yi ni siquiera se dio la vuelta, sino que echó a correr.

Bajó las escaleras y atravesó corriendo la puerta de la escuela.

Todo salió bien hoy y nadie más interceptó su escape.

Redujo la velocidad después de correr mucho rato, pero aún así iba más rápido que cuando se dirigía a su casa habitualmente, porque hoy había aceptado ir a almorzar con Yan Hang.

Quería llegar antes de que Yan Hang comenzara a cocinar, para poder verlo trabajando.

Le gustaba ver cocinar a Yan Hang, era genial. Además, si Yan Hang hacía una transmisión en vivo, podría mostrar su rostro. Tal vez pudiera aumentar un poco la popularidad del presentador de comida con mascarilla que no tenía mucho público.

Justo después de doblar la intersección, su teléfono sonó de repente.

Cuando Chu Yi sacó el teléfono y vio que era el número de su madre, se sintió un poco deprimido.

El teléfono probablemente sintió su depresión, y conectó la llamada finalmente después de 80 timbrazos.

—Ya que saliste de la escuela —dijo la voz de su madre—. Ve al mercado. Ve a recoger la ropa que mandó a hacer tu abuela en la sastrería.

—Estoy… re-repasando. —Chu Yi repitió la excusa que había utilizado anteriormente.

—¿Qué repaso? ¿Tus malas notas van a mejorar inmediatamente por estudiar un rato? —dijo su mamá—. ¿Crees que quiero pedirte ayuda con esto? Tu papá dijo que volvería al mediodía, pero no está por ningún lado, ¡y ni siquiera contesta el teléfono!

—Iré a re-recogerla —dijo Chu Yi.

—Igual de inútil que tu papá. —Su mamá colgó el teléfono.

Chu Yi arrugó las cejas y se quedó parado al costado de la calle un rato. Finalmente dio media vuelta y se encaminó al mercado.

Mientras caminaba, bajó la cabeza y marcó el teléfono de Yan Hang, pero nunca le respondió.

Envió un mensaje.

[Iré al mercado a recoger una ropa de mi abuela. Estaré allí pronto.]

Lo pensó y mandó otro.

[Espérame un rato]

Yan Hang tampoco respondió ese mensaje, no sabía si estaba ocupado o enojado.

No debía estar enojado, Yan Hang solo perdió los estribos con él cuando lo ayudó a encontrar el bolígrafo en el barro de la ribera del río. El resto del tiempo era bastante tranquilo.

Quizás había sucedido algo.

Chu Yi suspiró.

Sabía lo que vendían casi todos los puestos y locales en el mercado. La tienda donde su abuela encargaba su ropa estaba cerca de la puerta trasera del mercado y tenía que recorrerlo todo para llegar.

Era la primera vez que Chu Yi sentía que el mercado era enorme, y la distancia desde la puerta principal hasta la puerta trasera era tan grande.

Después de finalmente recoger la ropa de su abuela, ni siquiera se molestó en revisarla e inmediatamente regresó corriendo.

Al pasar por la casa de Yan Hang, miró hacia allí y las cortinas estaban cerradas.

«¿Yan Hang está durmiendo?»

Mientras tenía la cabeza vuelta, mirando al otro lado y pensando, una motocicleta salió a toda velocidad de la intersección y casi chocó contra él.

Chu Yi se sorprendió y dio dos pasos hacia un lado antes de mirar al conductor.

Era Liang Bing.

—¿Quieres morir? —Liang Bing lo fulminó con la mirada—. ¡Fuera del camino!

Chu Yi se quedó quieto, y Liang Bing giró el acelerador y la motocicleta salió a toda velocidad.

No pudo evitar quedársele mirando. Liang Bing llevaba tanta prisa, que no se detuvo a molestarlo.

Por supuesto, también era posible que tuviera miedo del señor Yan y Yan Hang después de la paliza de ese día.

Chu Yi sonrió y descubrió que estaba un poco orgulloso.

~~~

—¿Qué hay de esa carta? —Yan Hang miró a su padre—. Quiero leerla.

—No es necesario —dijo su papá.

—Entonces ¿cuándo será necesario? —Yan Hang de repente no pudo controlar su voz—. ¿Cuándo será necesario? ¿Cuando no vuelvas nunca?

Su papá volvió la cabeza abruptamente y lo miró en silencio.

Yan Hang perdió la voz.

Esa frase había estado enterrada en su corazón durante algunos días. Era como un clavo que se enterraba más profundamente a cada día, y cuando finalmente lo sacó, quedó un vacío.

Estuvo en silencio durante mucho tiempo, y cuando volvió a hablar, su voz era un poco débil, como si no pudiera encontrarla.

—Vámonos —dijo Yan Hang.

—¿Qué? —Su papá estaba atónito.

—Dijiste que esta vez dependía de mí —dijo Yan Hang—. Vámonos ahora. Ahora mismo, de inmediato.

Su papá abrió la boca, pero no dijo nada.

—Me mentiste. —Yan Hang se apoyó contra la pared y le sonrió a su padre—. Lao Yan, me mentiste.

—Yan Hang. —Su papá frunció el ceño, se alejó de la puerta y lo abrazó. Le dio dos palmaditas en la espalda con fuerza—. No digas eso.

—Entonces, ¿qué debo decir? —Yan Hang escuchó que su voz temblaba.

Quería llorar.

Era una sensación muy inesperada.

A lo largo de los años había tenido todo tipo de emociones y todo tipo de sentimientos: ansiedad, irritabilidad, tensión, ansiedad, miedo, depresión, pero rara vez había querido llorar.

El llanto era una especie de desahogo.

Pero nunca había encontrado la oportunidad de desahogarse.

—¿Qué debo decir para que no te vayas? —Cerró los ojos ardientes.

Su papá le dio una palmada en la espalda, sin hablar.

—Te importo —dijo Yan Hang en voz baja—. Pero no tanto como una muerta.

La mano de su papá se congeló de repente y, después de mucho tiempo, lo soltó.

—He fallado en esta vida. —Su papá sostuvo su rostro—. Decepcioné a tu madre, y también te decepcioné a ti y lo siento por ambos… Pero existen nudos que se quedan atascados en el corazón durante toda la vida. Es lo que me consume cuando todo está en silencio.

Yan Hang miró a su padre, la expresión de sus ojos era de un dolor que nunca antes había visto.

—Sé que no debería hacerte vivir así, no es correcto. —A su papá le temblaban las manos—, pero… creo que es más fácil seguir viviendo así, porque ya no tengo punto de retorno.

Las manos de su papá temblaban levemente, lo percibía desde el hombro hasta su corazón.

Sintió que se hundía ligeramente. Como ver la luz del sol residual cambiando fotograma a fotograma, como cada vez que se sentaba en la ventana y miraba la puesta de sol.

—No decepcionaste a mi madre —dijo Yan Hang—. Solo me decepcionaste a mí.

Su papá se quedó callado.

Hubo un silencio mortal en la habitación; parecía que incluso el sonido fuera de la ventana se había cortado.

Finalmente, su papá le dio unas palmaditas en el hombro, le apretó con fuerza los hombros y se dio la vuelta para salir rápidamente.

Cuando la puerta se cerró, Yan Hang se sentó en el suelo.

~~~

Cuando Chu Yi llevó a su casa la ropa de la abuela, su madre sostenía su teléfono, llamando a su padre.

—No entra la llamada o no quiere contestar. —La abuela sacó la ropa, la agitó y la inspeccionó—. La manufactura de ese lugar es buena. Mira lo parejas que son las puntadas.

—¡No contesta! —Su mamá tiró el teléfono en el sofá—. ¿Qué le pasa a ese hombre? ¡Nadie en esta familia es confiable!

—¿Qué estás haciendo allí parado? —La abuela le lanzó una mirada desagradable—. ¿No ves que tu madre está alterada? ¡Ayuda a cocinar!

—Yo… —dijo Chu Yi bajito—. Te-tengo que… re-regresar a la escuela… a estudiar.

—¡Que estupideces! —La abuela tiró su ropa sobre la mesita cafetera—. ¡Eres un inútil!

Chu Yi no emitió ni un sonido.

—Está bien. —Su madre agitó la mano un poco molesta—. No puedo comer nada y tengo que ir a una entrevista en un rato. Estoy harta. Mi papá no volverá hasta que termine de jugar al ajedrez, y ustedes pueden comer bollos al vapor. Yo no voy a comer.

—¡Comer bollos! ¡Comer bollos! —La abuela lanzó algo de la mesa, y se rompió al estrellarse contra el suelo—. ¡Mejor directamente me voy al jodido ataúd!

Chu Yi vaciló, se dio la vuelta y salió. Luego rápidamente cerró la puerta, pero aún así no pudo amortiguar los insultos de su abuela.

Tan pronto como salió de la casa, sacó su teléfono y lo miró.

No había recibido mensajes.

Yan Hang lo estaba ignorando.

Había pasado casi una hora desde que salió de la escuela y Yan Hang sabía cuándo terminaban las clases, pero no lo habían contactado.

No sabía lo que estaba pasando, por lo que solo pudo seguir llamando a Yan Hang mientras corría a su casa.

Ni siquiera bebió un sorbo de agua antes de echar a correr.

Cuando llegó a la puerta de la casa de Yan Hang, nadie contestó el teléfono.

Chu Yi llamó a la puerta. —¿Yan Hang?

No contestaron.

Volvió a llamar dos veces: —¡Tío! ¿Tío Yan?

La habitación seguía silenciosa.

Caminó hacia la ventana y se asomó. La cortina estaba corrida, pero la ventana no estaba cerrada. Apartó la cortina: —¡Yan Hang!

La luz no estaba encendida y Chu Yi tuvo que parpadear dos veces para adaptar la vista a la penumbra, y vio a Yan Hang sentado inmóvil en el suelo.

—¡Yan Hang! —Chu Yi se sorprendió y volvió a gritar.

Yan Hang siguió inmóvil.

Chu Yi apoyó las manos en el alféizar de la ventana para entrar de un salto y corrió al lado de Yan Hang. —Yan… —Lo sujetó por el brazo.

Yan Hang de repente levantó el brazo, le apretó la muñeca y se la retorció con brusquedad.

—¡Ah! —gritó Chu Yi. El intenso dolor en su brazo lo obligó a seguir el movimiento y caer al suelo.

—¿Quién es? —preguntó Yan Hang.

—Chu Yi. —Tirado en el suelo, levantó la cara para mirarlo—. ¡Yan Hang, soy Chu Yi!

Yan Hang lo soltó: —¿Ya saliste de la escuela?

—Mm. —Chu Yi se levantó. Yan Hang actuaba muy extraño, lo que lo asustó un poco—. ¿Qué te… sucede? ¿T… si-sientes… mal?

—No. —Yan Hang se apretó la cabeza y presionó el rostro contra sus rodillas. Su respuesta sonó amortiguada.

—Yo… —Chu Yi no sabía qué decir—. ¿Tienes hambre?

—Tráeme un vaso de agua —dijo Yan Hang.

—Mm. —Chu Yi se levantó de un salto rápidamente, sirvió un vaso de agua y se lo entregó a Yan Hang.

Yan Hang aceptó el vaso, bebió toda el agua de un trago y luego volvió a apoyar la cabeza en las rodillas.

Chu Yi no sabía qué hacer, solo pudo ponerse en cuclillas y observarlo.

—Ordena comida —dijo Yan Hang.

—Oh —respondió Chu Yi.

Yan Hang sacó su teléfono, se desplazó lentamente por la pantalla y ordenó una pizza.

—Ve a se-sentarte… al sofá. —Chu Yi tocó suavemente su brazo.

—No quiero moverme —contestó Yan Hang.

—Oh. —Chu Yi levantó el vaso vacío y volvió a llenarlo. Lo dejó junto a los pies de Yan Hang y luego se sentó contra la pared a su lado.

Yan Hang permaneció en silencio durante mucho tiempo. De repente se enderezó y apoyó la espalda contra la pared: —Hace un rato… dije unas cosas muy jodidas.

—¿Eh? —Chu Yi se quedó atónito, no entendía.

—Realmente jodidas —dijo Yan Hang.

—¿A… quién? —preguntó Chu Yi.

—Mi papá. —La voz de Yan Hang era muy bajita.

Tras mirar alrededor de la habitación, Chu Yi había deducido que el señor Yan no estaba en casa.

Al escuchar lo que dijo Yan Hang, entonces… ¿habían peleado?

Era inconcebible para Chu Yi que el señor Yan y Yan Hang, que tenían la relación de padre e hijo más amigable y de tácito entendimiento que jamás hubiera visto, hubieran peleado.

—¿Do-dónde está… el señor Yan…? —preguntó Chu Yi.

—No lo sé —contestó Yan Hang.

No había forma de continuar la conversación. Chu Yi tuvo que seguir sentado junto a Yan Hang en silencio.

No podía adivinar lo que estaba pensando Yan Hang, solo que estaba muy alterado.

Cuando llegó el repartidor con la pizza, Yan Hang permaneció inmóvil, como si no lo hubiera escuchado. Chu Yi agarró su teléfono y tocó con cuidado a Yan Hang: —Iré a recibir la comida.

—Sí —respondió Yan Hang.

Chu Yi salió corriendo, aceptó la pizza y regresó rápidamente.

—¿Quieres comer? —Puso la pizza junto a Yan Hang.

—Sí —contestó Yan Hang.

Chu Yi abrió la caja y se detuvo a punto de coger una rebanada para Yan Hang. Corrió a lavarse las manos y luego agarró una rebanada y la acercó a la boca de Yan Hang: —Abre.

—¿Me vas a alimentar? —Yan Hang sonrió.

—Abre la boca. —Chu Yi también sonrió—. Da una… mordida, una g-grande.

Yan Hang le dio un mordisco: —¿No vas a llegar tarde a la escuela?

—Ya… pa-pasó una clase —dijo Chu Yi.

Había comprobado la hora antes de recibir la pizza, y ya era tarde.

—¿Vas a ausentarte de clase? —preguntó Yan Hang.

—Mm. —Chu Yi asintió.

Esta era la primera vez en su vida que se ausentaba de la escuela. Pero con Yan Hang en ese estado, no se atrevía a marcharse. No solo ausentarse, no le importaba en absoluto abandonar la escuela.

Yan Hang podía hablar, reír y comer, y no comió menos que él.

Parecía que no pasaba nada, pero Chu Yi percibía que algo andaba mal con Yan Hang.

Después de comer la pizza, continuó apoyado contra la pared en su postura original, mirando a la ventana, aturdido.

Después de deshacerse de la caja de la piza, Chu Yi se sentó a su lado. No sabía qué debía hacer ni qué más se podía hacer en esa situación.

Durante toda la tarde, Yan Hang no se movió mucho.

Pero de vez en cuando le hablaba.

No fue hasta que el cielo se oscureció un poco que Yan Hang se movió, y poco a poco pasó de estar sentado a ponerse en cuclillas: —Tengo cigarrillos en la cabecera de la cama, ayúdame a traerlos.

—Sí. —Chu Yi se puso de pie, y tras dar dos pasos descubrió que tenía las piernas completamente entumecidas. Tenía las piernas como paralizadas. Tuvo que agarrarse a la pared y quedarse quieto un rato antes de entrar en la habitación de Yan Hang.

Su cama estaba un poco desordenada. Las almohadas y las toallas estaban amontonadas. Tenía varios libros con portadas en inglés. Después de una mirada, Chu Yi no reconoció ni una palabra.

Después de llevarle el cigarrillo a Yan Hang, miró la hora: eran más de las seis.

—Regresa a casa. Has estado aquí toda la tarde. —Yan Hang encendió un cigarrillo—. Gracias.

—Que tontería —contestó Chu Yi.

Yan Hang sonrió.

—¿Qué quieres… cenar? —preguntó Chu Yi—. Ordenas, o…

—Yo cocinaré —dijo Yan Hang—. ¿No quieres ir a tu casa?

—Me p-preocuparé… si voy …a casa —dijo Chu Yi.

—Estoy bien. —Yan Hang chasqueó la lengua.

—Entonces n-no… quiero volver. —Chu Yi cambió sus palabras.

Yan Hang se apoyó en la mesa para levantarse lentamente. Y recargado en la pared, movió brazos y piernas. Luego levantó la billetera de la mesa: —Ve al supermercado cercano a comprar víveres. Compra lo que quieras, por lo mientras yo tomaré una ducha.

—Oh —Chuyi aceptó la billetera.

—¿Por qué no dices que tú pagas? —dijo Yan Hang.

—No t-tengo dinero. —Chu Yi suspiró.

—Ve. —Yan Hang agitó la mano—. Cómprate una botella de té helado, o lo que quieras beber.

—Mm. —Chu Yi asintió.

Salió tras ver que Yan Hang sacaba una muda de ropa y se metía en el baño.

El supermercado no estaba lejos de la casa de Yan Hang, se veía en cuanto salía del edificio.

Chu Yi avanzó a toda velocidad por la acera. Una persona pasó corriendo y lo golpeó. Él inconscientemente apretó su billetera.

Antes de que pudiera avanzar, otra persona pasó corriendo a su lado.

—¿Realmente está muerto? —gritó el corredor.

~~~

N.T. Con un día de retraso, pero aquí están los capis del viernes. Ya se sabe, de repente la vida se acelera y no hay tiempo ni para conectarse cinco minutos para avisar que no podré subir los capis. Espero que nadie se haya pasado la noche en vela esperando. u.u

¡Bonito fin de semana!


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