Moneda de la Suerte 18

De hecho, “establecer una relación” era algo maravilloso: cuando no la tenían, la gente entraba en pánico, como si no estuvieran conectados a la realidad, pero después de tenerla, también entraban en pánico.

Tenían miedo a perderla, miedo a estropearla.

Chu Yi estaba sentado en el sofá con el papá de Yan Hang, con la cabeza inclinada y perforaba con cuidado la piedra negra.

Su papá se había atado la piedra roja alrededor de la muñeca y observaba interesado a Chu Yi.

Las herramientas de Chu Yi parecían bastante profesionales. Utilizó una prensa de mano para fijar la piedra en una pequeña base negra. Luego giró la broca del taladro para perforar lentamente un pequeño agujero en la piedra.

—Con las perforaciones a cada lado —dijo su papá—. ¿Cómo te aseguras que ambas sean paralelas?

—Las medí. —Chu Yi siguió girando el taladro.

—¿Las mediste? —preguntó su papá—. No vi que las midieras.

—A ojo —Chu Yi se señaló a sí mismo.

—Tontito. —Su papá se rio.

Yan Hang sacó los emparedados preparados y los puso en la mesita cafetera: —Primero comamos, ¿tuviste algún problema por salir tan temprano?

—Iré al mercado… a comprar… un baño… de pies para… mi a-abuela. —Cuando Chu Yi vio el emperadero, inmediatamente acercó la mano para agarrarlo—. Luce muy bien.

—Oye. —Yan Hang rápidamente le dio un golpecito en el dorso de la mano—. Lávate las manos.

—Oh. —Chu Yi sonrió y se frotó el dorso de la mano y fue a la cocina a lavárselas.

Después de comer este segundo desayuno, Chu Yi estaba lleno de energía. Rápidamente terminó las perforaciones de la piedra negra e introdujo el hilo rojo de nuevo.

Yan Hang ató la piedra a su tobillo y su sentimiento de antes se calmó un poco. Vaciló, pero preguntó a Chu Yi: —¿Dónde está ese hilo?

—Lo corté, ah. —Chuyi miró su tobillo.

—Dámelo, quiero… conservarlo. —Cuando Yan Hang dijo esto, de repente se sintió avergonzado, sintiéndose como una señorita pretenciosa.

Su papá lo miró.

Cuando Chu Yi le dio el hilo rojo, quiso llevárselo a su habitación, pero se sintió avergonzado, dudó y lo dejó sobre el televisor.

—Estaré libre… al mediodía, ¿p-puedo venir? —preguntó Chu Yi cuando estaba a punto de irse.

—Está bien, y almuerza conmigo. Yan Hang no podrá volver al mediodía —contestó su papá.

—Traeré comida —dijo Chu Yi cuando abrió la puerta.

Se alejó al trote antes de que su papá pudiera contestar.

—¿Qué dinero puede tener para traer comida? —Su papá miró a Yan Hang.

—Ya veremos lo que tienes que comer. —Yan Hang sonrió—. Déjalo que la traiga, que gaste un poco de dinero. Si no, tendrá que pulirte una piedra personalizada todos los días.

Su papá se rió un par de veces y se apoyó en el sofá: —Saldré esta tarde…

Yan Hang estaba a punto de llevar los platos a la cocina, pero se detuvo abruptamente al escuchar esto y se volvió para mirar a su padre.

—Regresaré. Solo quiero decir que no necesitas comprar víveres hoy, yo los traeré cuando vuelva —aclaró su papá.

—Mm —respondió Yan Hang y entró en la cocina.

Esta era la primera vez que su papá le avisaba antes de salir y le decía que volvería.

Yan Hang no estaba cómodo sabiéndolo de antemano, sino más bien ansioso.

Apoyó las manos en la encimera y bajó la cabeza, incapaz de tranquilizarse durante mucho tiempo.

Sacó un cigarrillo de su bolsillo, y cuando tocó el encendedor, su padre de repente extendió la mano desde un costado con un encendedor prendido.

Yan Hang se inclinó para prender su cigarrillo, luego se volvió para mirar a su padre: —¿Cuándo nos vamos?

Papá lo miró, luego sonrió después de estar en silencio por un rato: —Esta vez tú lo decides.

Yan Hang no contestó, mirando por la ventana con el cigarrillo en la boca.

Yan Hang corrió al trabajo para aliviar sus emociones, porque si se encontraba con un cliente fastidioso, temía golpearlo.

Sin embargo, había mucha gente los fines de semana. Inmediatamente después de ponerse el uniforme, tuvo que atender varias mesas y no paró hasta el mediodía.

Estaba tan ocupado, que su temperamento se tranquilizó temporalmente.

Durante la pausa del almuerzo no tuvo apetito, solo tomó un vaso de leche y se quedó sentado, escuchando a sus compañeros comer y charlar.

El teléfono vibró. Era un mensaje de Chu Yi.

Le echó un vistazo.

Era una foto. Chu Yi de pie frente a un saco de arena, posando con rostro serio. Le pareció gracioso.

[¿A qué lugar loco te llevó mi papá?]

[¡Gimnasio de boxeo!]

Yan Hang pudo sentir la emoción de Chu Yi desbordando de esos signos de exclamación.

Su papá iba al gimnasio de boxeo de vez en cuando, o iba a un gimnasio normal cuando no había gimnasio de boxeo, y practicaba hasta la extenuación antes de regresar.

Solía pensar que a su papá le gustaban esas cosas. Reflexionándolo ahora, el dolor que su papá reprimía podía ventilarlo haciendo una gran cantidad de ejercicio.

[¿Te enseñó algún truco genial?]

Yan Hang contestó a Chu Yi.

[Me enseñó cómo dar un puñetazo y cómo bloquear los puñetazos de los demás.]

[Después me enseñará cómo usar las piernas.]

[¡El señor Yan es increíble!]

Chu Yi envió tres mensajes seguidos. Escribir en un teléfono era mucho más fácil que hablar.

—Entonces practica duro y me lo muestras esta noche. —Yan Hang sonrió mientras enviaba un mensaje de voz.

[Temo lastimarte.]

Yan Hang miró el mensaje y se rio durante mucho tiempo, con la cabeza agachada: —Te jactas mejor de lo que hablas en persona. Si puedes golpearme, te concederé la victoria.

Chu Yi, no dijo nada más, solo respondió con un emoji.

[💪]

Yan Hang también contestó con un emoji.

[👏]

Por la tarde, un colega quiso cambiar de turno con él, y Yan Hang aceptó y salió temprano del trabajo.

De hecho, no le importaba cuándo iba a trabajar y cuándo descansaba: ayer, hoy o mañana, este día, ese día, aquél otro día.

Cuando llegó a su casa, no había nadie. Se perdió en sus pensamientos un rato en el sofá, luego recogió el hilo rojo de encima del televisor y lo metió en el compartimento de su maleta.

Había otras cosas en ese compartimento: un brazalete medio roto y un papel lleno de puntos en un juego de Gomoku[1] entre él y su padre.

Luego de acostarse en la cama y jugar con su celular un rato, envió un mensaje a Chu Yi preguntando la ubicación del gimnasio.

Chu Yi inmediatamente le envió la ubicación. Antes de que pudiera verla con claridad, Chu Yi lo llamó directamente, —¿Saliste… del trabajo?

—Cambié mi turno —dijo Yan Hang—. Iré a jugar con ustedes.

—Toma el… autobús… —La voz de Chu Yi era un poco jadeante.

—Tomaré un taxi —dijo Yan Hang—. Esfuérzate en practicar, te acabaré cuando llegue.

Chu Yi se rió: —Perdóneme la vida, fortachón.

—¿No tartamudeas cuando suplicas clemencia? —soltó Yan Hang.

—Temo que si… tartamudeo, me no-noquearas… antes que terminé… de hablar —dijo Chu Yi.

Mientras estaba sentado en el asiento trasero del taxi, Yan Hang levantó la pierna y sus dedos juguetearon suavemente con la piedrita en su tobillo.

Chu Yi le agradaba. No tenía mucho que ver con si alguna vez había tenido un “amigo”. Simplemente pensaba que Chu Yi era bastante interesante. Muchas veces, cuando conversaba con Chu Yi, su estado de ánimo se relajaba inadvertidamente.

Pero desde ayer, después de ver el cambio en la expresión del padre de Chu Yi, cada vez que pensaba en Chu Yi o lo veía, el pánico inundaba su corazón.

Este pánico le aceleraba los latidos del corazón, y sentía que la sangre le iba a explotar de las venas.

—Hermano—Yan Hang miró al conductor—. ¿Puedo fumar un cigarrillo?

—Está bien —dijo el conductor—. Solo abra un poco las ventanas.

—Gracias. —Yan Hang encendió su cigarrillo.

Últimamente había fumado bastante. En otras circunstancias, su padre definitivamente le habría llamado la atención. Suspiró levemente y miró por la ventanilla hacia la calle que todavía le era desconocida hasta el día de hoy.

Cuando llegó al gimnasio de boxeo, Chu Yi estaba pateando un saco de arena, con total concentración. Yan Hang se acercó al costado del saco de arena y él ni siquiera lo vio.

Cuando levantó la pierna, Yan Hang dio un paso adelante repentinamente, presionó la rodilla derecha hacia delante contra la parte posterior de su rodilla y luego le aferró la barbilla y tiró hacia atrás con la mano izquierda. Inmediatamente, Chu Yi saltó en el aire y cayó hacia la colchoneta.

Antes de poder levantarse, Yan Hang ya se había agachado y le había tocado la frente con el dedo: —Pum.

Cuando Chu Yi vio que era él, quedó desconcertado, y luego extendió completamente las manos y los pies en el suelo: —… ¡Ah!

—¿Aún no pides clemencia al fortachón? —preguntó Yan Hang.

—¿Eres tonto? Ya me… diste un tiro… en la frente —dijo Chu Yi.

—Joder. —Yan Hang se rio y le dio un golpecito con el dedo—. Levántate.

Chu Yi se sentó en la colchoneta y miró a su padre sonriente: —Tío, que mal. La brecha… es demasiado g-grande.

—Te faltan diez años de práctica. —Su papá le entregó una botella de agua a Chu Yi y se sentó a su lado—. Tu objetivo ahora es protegerte y seguir practicando. Mañana te enseñaré a usar el codo.

Chu Yi asintió, se levantó y siguió pateando el saco de arena. Después de patear dos veces, volteaba a mirar a Yan Hang.

Yan Hang sacó su teléfono y le sacó algunas fotografías. Luego eligió las mejores y las publicó en Weibo.

—¿Cambiaste el turno con alguien? —le preguntó su papá a su lado.

—Mm. —Yan Hang miró la pila de comentarios que aparecieron en un instante y sonrió. Luego miró hacia Chu Yi—. Creo que tiene buena condición física.

—Tiene excelente coordinación y aprende rápido —dijo su papá—. Puede practicar cuando tenga tiempo libre. Al menos ya no será intimidado.

Yan Hang sonrió.

Los pocos trucos que le enseñó su padre a Chu Yi eran muy simples, pero si los empleaba en el momento adecuado, todos serían muy útiles.

Un ataque de autodefensa equivalía a dar tres golpes en secuencia.

Yan Hang se sentó en una silla a un lado, observando a Chu Yi practicar seriamente con el saco de arena, y a su papá que se acercaba a corregir su postura de vez en cuando.

En ese trance, Yan Hang se sintió cómodo.

Una tarde ociosa, con su padre que no había desaparecido, y un amigo interesante.

Era extraño, pero se sentía como la mullida calidez del sol.

Aunque estaba claro que era efímero, se sumergió cautelosamente en esa comodidad.

Su papá dijo que no se marcharía estos días, y realmente no se fue, solo salía ocasionalmente.

Yan Hang no sabía a dónde iba, pero siempre volvía antes de la cena.

Esto era lo que Yan Hang siempre había deseado.

Nada de marchas sin despedirse, o que se desapareciera durante unos días. Eran como un padre e hijo de lo más ordinario, que vivían en una casa de una calle cualquiera de una ciudad común.

De lo más común, igual a miles más en el mundo.

Haciendo el trabajo más común, sin grandes metas, ni mucha ambición, reuniéndose con uno o dos amigos ocasionalmente si se sentía solo, pero nada que una copa de licor no pudiera disipar.

Pero tanto él como su padre sabían que era solo una ilusión. Y no podía ignorarlo o fingir que no le importaba.

Su papá actuaba como siguiendo un programa.

Estaba haciendo lo que prometió, pero tal vez lo hacía con algún otro motivo.

Las preguntas presionaban el corazón de Yan Hang, y parecían haber sido fertilizadas, se fortalecían cada vez más.

Muchas veces miraba a su padre, y todas las preguntas se le agrupaban en los labios, como si esperaran una oportunidad para explotar y salir sin importar las consecuencias.

Hoy que era miércoles, Yan Hang estaba descansando, acostado en la cama con la versión en inglés de “Game of Thrones” leyendo lentamente. Además de hacer pequeñas pausas para pensar en el almuerzo.

Chu Yi vendría a almorzar al mediodía. Recientemente no había ido a su casa a almorzar porque estaba a punto de hacer el examen final y debían estudiar en el aula. Como obtuvo un resultado de mierda en el examen parcial anterior, nadie cuestionó que dijera que estaba repasando durante el almuerzo.

A Chu Yi le gustaba comer pizza. Ya que hoy tenía tiempo, podría hacer su propia masa.

«¿Mariscos?»

«¿Vegetariana?»

Cuando sonó el teléfono, Yan Hang levantó el teléfono y descubrió que la pantalla estaba apagada. No estaba sonando su teléfono, y el tono de llamada no era el suyo.

Ese extraño tono de llamada era el celular de su papá.

Era el teléfono que había sonado ni una vez en 10,000 años.

Yan Hang se sentó abruptamente, saltó de la cama y corrió hacia la puerta, y se detuvo cuando extendió la mano para abrir la puerta.

Su papá contestó el teléfono.

No eran ventas, ni un anuncio, porque su papá contestó el teléfono.

Y luego escuchó la voz de su padre hablando, así que no era una llamada de extorsión.

La mano de Yan Hang apoyada en la puerta tembló un poco y en solo unos segundos su espalda ya había comenzado a sentir un hormigueo de tensión y ansiedad.

No podía oír lo que decía su padre y no se atrevía a abrir la puerta para escuchar.

Estaba rígido detrás de la puerta, separado solo por una capa de tablas de madera. Su cuerpo estaba tan rígido que no podía respirar.

No sabía cuánto tiempo había pasado, no sabía cuándo su padre colgó el teléfono. No se recuperó hasta que escuchó un chasquido de encendedor afuera.

Tras mantener la mirada fija en el pomo de la puerta durante un rato, extendió la mano, abrió la puerta y se dirigió a la estancia.

Su papá estaba en la puerta, preparándose para cambiarse de zapatos.

En este momento, Yan Hang sintió frío en manos y pies, y un pánico sin precedentes lo envolvió instantáneamente.

—¿A dónde vas? —preguntó.

Su papá hizo una pausa, luego volvió la cabeza para mirarlo: —Voy… a dar un paseo.

—¿A dónde? —preguntó Yan Hang—. ¿Cuánto tiempo?

Su papá no contestó.

—¿Quién te llamó? —continuó preguntando—. ¿Qué quería?

Su papá se dio la vuelta, suspiró y caminó lentamente hacia él.

—¿Qué vas a hacer? —Yan Hang lo miró.

—Hang… —Su papá le acarició la cara levemente, pero no dijo nada más.

Después de mirarlo fijamente un rato, su papá se dio la vuelta y fue a la puerta.

~~~

[1] 五子棋 Wuziqi o Gomoku. En occidente lo conocemos como Cinco en línea o cinco en raya.

Se necesita el tablero de juego y fichas de dos colores distintos (también puede hacerse en una hoja de papel)

Los jugadores alternativamente van colocando una ficha en una casilla vacía.

El objetivo del juego es alinear horizontal, vertical o diagonalmente cinco fichas propias.


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