Moneda de la Suerte 16

Yan Hang bajó la vista.

En la palma de su mano había una piedra negra hexagonal brillante, además de un hilo rojo.

Chu Yi tocó suavemente su mano al depositar la piedra.

—¿Lo terminaste tan pronto? —Yan Hang levantó la piedrita. Ya tenía perforado un agujero en medio para el hilo.

—No f-fue pronto —Chu Yi lo miró con nerviosismo—. ¿Te… gusta?

—Mm. —Yan Hang asintió y pasó el hilo rojo por la diminuta perforación.

Mientras se lo ataba en el tobillo, Chu Yi le explicó en voz baja: —La per-perforación es… demasiado p-pequeña, y no entra… un lazo de cuero o… hilo t-trenzado.

—Esto servirá —dijo Yan Hang.

—Maestro, si no… sirve… lo reharé —dijo Chu Yi.

Yan Hang se rió: —Ya veo.

La piedrita lucía muy bien, tenía una forma simple y bonita, un color uniforme y pulido, y se veía muy elegante atada al tobillo.

—De hecho, tienes mejor gusto de lo que demuestras normalmente. —Yan Hang levantó la pierna y le mostró el tobillo.

—Un-un perro… t-también tiene buen g-gusto. —Chu Yi sonrió, extendió la mano y acercó la mano a su tobillo—. Luce b-bien.

—¿Hay una para mí? —Papá estaba escuchando desde el asiento delantero, luego se dio la vuelta—. Perrito.

—Sí, hay m-muchas. —Chu Yi se rascó la cabeza con cierta vergüenza—. Deje le m-muestro las fotos… p-puede elegir una.

—Bien. —Su papá asintió.

Chu Yi sacó su teléfono, lo presionó y los tres miraron juntos la pantalla negra.

Yan Hang supuso que probablemente Liang Bing tiró el teléfono, y ya no funcionaba bien. El tiempo que tardó en iluminarse la pantalla fue mucho mayor de lo habitual.

Chu Yi incluso tuvo tiempo de limpiar el polvo de la pantalla.

—¿Qué estamos haciendo? —preguntó su papá.

—Esperando para ver las fotos —dijo Yan Hang.

—Oh. —Su papá asintió.

La pantalla finalmente se encendió. Chu Yi abrió un álbum, que se abrió muy rápido. La carpeta llamada “Piedritas” en el interior también abrió rápidamente. Después de abrirla, solo se veían cuadrados negros alineados, y no cambió durante mucho tiempo.

—H-hay una… foto de todas. —Chu Yi se frotó la nariz, abrió uno de los cuadrados negros y luego sostuvo el teléfono móvil en una mano y apoyó la mejilla en la otra—. E-el tiempo… vuela.

—Sí. —Su papá se tocó la barbilla—. Ya me creció la barba.

La imagen se abrió y Chu Yi la amplió. —Es e-esta. En… realidad no son b-bonitas.

—Son bonitas. —Su papá agarró el teléfono—. Las miraré con cuidado y elegiré una. También puedes hacerle una perforación a la mía, ¿verdad?

—¡Sí! —Chu Yi asintió inmediatamente.

Yan Hang lo miró y le pareció que no era extraño que su padre lo llamara “Pobrecito”. Seguramente nunca le había mostrado estas piedras a nadie, y nadie diría que eran bonitas, y mucho menos elegiría una para que le hiciera una perforación.

Las piedritas de Chu Yi eran bastante pequeñas, probablemente porque no necesitaba tanto tiempo para pulirlas y era fácil esconderlas.

Pero los colores y las formas eran muy variados, las más elaboradas tenían forma de pétalo. No eran muy elegantes, pero todas eran lindas.

—¿Esta la pintaste de rojo? —preguntó su papá, señalando una piedrita roja redonda con un poco de naranja.

—E-era así de por… sí —dijo Chu Yi—. La e-encontré en el… río.

—Escogeré esta, puedo usarla como pulsera —dijo su papá.

—Se-se la traeré… mañana —dijo Chu Yi con una sonrisa.

—Gracias —dijo su papá.

—D-de nada. —Chu Yi agitó las manos.

Yan Han podía sentir constantemente que la piedrita negra estaba fría. No sabía si era una ilusión o así era realmente.

Antes de bajarse del auto, se agachó y cambió el nudo corredizo del hilo rojo por un nudo pescador.

Chu Yi se alteraría si la perdía accidentalmente.

Hoy era el primer día del festival de música y además viernes, así que había mucha gente en la plaza. Tan pronto se bajaron del auto, fue como si los hubieran arrojado frente a un gran altavoz.

Había música, risas y gritos de la gente.

Parado en la acera del otro lado de la calle frente a la plaza, Yan Hang estaba un poco aturdido.

No le gustaba mucho el bullicio, prefería estar solo. Su papá entendía bien sus hábitos, así que no lo llevaba a esos eventos a divertirse.

El ambiente de hoy debía ser el más animado que hubiera visto nunca, aparte del espectáculo de fuegos artificiales de Año Nuevo.

—¿Vamos al frente? —preguntó su papá.

Yan Hang no contestó, vaciló y echó un vistazo a Chu Yi.

Lucía muy emocionado, giraba la cabeza y miraba a su alrededor, con ojos brillantes.

—Vamos al árbol de allí. Si nos acercamos demasiado, solo podremos ver la parte posterior de las cabezas, y el sonido será demasiado fuerte. —Yan Hang señaló un árbol enfrente.

Había mucha gente debajo del árbol, incluso estaban parados sobre un banco de piedra debajo.

Cuando pasaron, una persona se bajó. Yan Hang echó un vistazo y se apresuró a correr, tirando de Chu Yi y lo empujó para que subiera al banco de piedra: —Sube, sube…

—Ah. —Chu Yi subió apresuradamente al banco.

Pero había mucha gente en el banco de piedra, y no pudo levantarse después de subir.

—Apóyate en mí —dijo Yan Hang.

Chu Yi le puso un brazo en el hombro. Pensó un momento y luego sonrió: —Eres b-bajito.

—Bájate, joder. —Yan Hang lo miró.

—No. —Chu Yi se rio y negó con la cabeza.

Unos tambores sonaron al otro lado del escenario, y la gente alrededor gritó al unísono. Chu Yi rápidamente volteó la cabeza para mirar hacia ese lado.

A Yan Hang le pareció que Chu Yi era impresionante.

Apenas una hora antes, le estaban dando una paliza junto al río, le rompieron su teléfono y casi le quitaron los pantalones, pero ahora estaba completamente bien.

En otras palabras, básicamente había vuelto a la normalidad desde que se alejaron del río y fueron a su casa.

Esta asombrosa capacidad de reparación hizo que Yan Hang se conmoviera.

Chu Yi ni siquiera habló de las causas y consecuencias del incidente, ni preguntó cómo lo encontraron él y su padre. No habían discutido este incidente ni un segundo.

Simplemente lo olvidó, limpia y prolijamente.

Independientemente de si esa habilidad en Chu Yi la adquirió consciente o inconscientemente, a Yan Hang le parecía que este niño tenía una resiliencia extraordinaria.

Su papá se había ido a algún lado y cuando regresó tenía tres pequeños prismáticos en la mano.

—Usen estos. —Le entregó los prismáticos a Yan Hang y Chu Yi—. Pueden ver claramente.

—Gra-gracias señor Ya-Yan. —Chu Yi aceptó los prismáticos.

—No necesitas ser tan cortés —dijo su papá—. Es demasiado largo de pronunciar.

—Gracias, tío —dijo Chu Yi.

—Sí, es más fácil llamarme así. —Su papá asintió.

Chu Yi miró los prismáticos: —N-nunca he usado estos.

—Ahora vamos a usarlos. —Yan Hang sonrió, y levantó los prismáticos para mirar por encima del escenario. Había unos jóvenes calvos en el escenario—. Se ve muy claro.

—Ah. —Chu Yi también se llevó el telescopio a los ojos y dijo al cabo de un rato—: Ah, es-está muy lejos.

Yan Hang lo miró con los prismáticos.

Chu Yi también miró a Yan Hang. Después de una pausa, bajó los prismáticos. —Luce b-bien.

Yan Hang no pudo más que reir: —Es producto local.

—P-producto… extranjero. —Chu Yi levantó los prismáticos hacia el escenario de nuevo—. Sé r-reconocerlo.

Cuando llegaron, el festival de música ya llevaba mucho tiempo de iniciado, así que el ánimo de la gente en la plaza ya estaba exaltado.

Cuando la banda de los jóvenes calvos comenzó a tocar, el sonido de la música casi fue sobrepasado por los gritos de abajo.

El inicio le era familiar, Yan Hang miró a su padre.

Esa era una canción que le gustaba mucho a su papá.

El conocimiento de inglés de su papá se limitaba al “hello, hi” y “bye” pero sabía cantar esta canción.

One day, I won’t be insane… (Un día, no estaré loco) —Su papá realmente comenzó a cantar.

Yan Hang sonrió y cantó con él: —Won’t Play all their foolish games, we all need to play (No jugaré sus juegos tontos que todos tenemos que jugar…)

Chu Yi dejó de enfocarse en el escenario y volvió la cabeza para mirarlos.

—¿Qué pasa? —preguntó Yan Hang.

—N-nada —dijo Chu Yi—. S-solo me sorprendí.

Luego de cantar esa canción, la banda cantó otra canción original propia, que era muy popular, todos levantaron la mano, como un arbolito.

Yan Hang miró aturdido los brazos balanceándose frente a él.

La voz en sus oídos se desvaneció lentamente, dejando solo las sombras oscilantes bajo la luz brillante.

Parecían haber gritos.

También parecían haber forcejeos.

Un caos silencioso en blanco y negro.

Alguien chasqueó los dedos frente a su cara y Yan Hang se recuperó. El sonido de la música y los gritos instantáneamente se vertieron en sus oídos. Le faltaba el aliento.

—Chu Yi —dijo su padre a Chu Yi—. ¿Qué tal si cambiamos de sitio?

—Bien. —Chu Yi asintió sin pensarlo siquiera.

—Vamos allí, un sitio más lejano. —Su papá señaló un centro comercial al otro lado de la calle de la plaza—. Parece que hay una terraza para tomar té al aire libre en el segundo piso, ¿verdad?

Chu Yi levantó los prismáticos y observó: —Sí, les i-invito un té.

—Tus cincuenta yuanes que te dieron en el año nuevo no son suficientes ni para robar —dijo Yan Hang—. Y aun así quieres invitar a los demás todo el rato.

—N-no siempre me… roban. —Chu Yi saltó del banco de piedra.

—No puedo permitir que invites tú —Su papá sonrió—. Vamos a sentarnos un rato.

Yan Hang se volvió y siguió a su padre hacia el otro lado de la calle.

Después de dos pasos, alguien lo agarró de la mano y él volvió la cabeza. Era Chu Yi.

Chu Yi le sonrió: —Tienes la mano un poco fría.

—Mm —respondió Yan Hang—. El viento sopla fuerte.

Después de caminar unos pasos más, Chu Yi seguía sin soltar su mano. Volvió a mirarlo. —¿Por qué no me dices “hermano mayor, ayúdame a cruzar la calle”?

—No t-tienes porqué… asustarte —dijo Chu Yi.

Yan Hang hizo una pausa, sin contestar.

Chu Yi siguió sin soltarlo y caminaron de la mano detrás de su padre, como tontos.

Había mucha gente en la terraza del bar de té en el segundo piso. Todos venían al festival de música para unirse a la diversión. Si no eran particularmente fiesteros, era muy cómodo poder sentarse allí a escuchar la música, ver el escenario y beber una taza de té.

Encontraron una mesa vacía para sentarse, su papá ordenó una tetera de té de flores frutales para ellos y una de té verde para él.

Tan pronto como trajeron el té, Chu Yi se puso de pie y sirvió té en las tres tazas. El mesero, que se estaba preparando para servirles el té, no intervino, solo se quedó allí parado un momento y luego se alejó.

—Chu Yi. —Su papá tomó un sorbo de té—. ¿Nunca habías salido a divertirte así?

—P-por la noche… estoy en casa. —Chu Yi se sentó—. Hasta d-dormirme.

—¿No es aburrido? —Su papá suspiró.

—Mm, la c-casa de mis… abuelos es di-divertida. —Chu Yi dio vueltas a su taza—. Puedo ir de-después de las… vacaciones.

—La casa de tus abuelos está lejos, ¿no? —preguntó papá de nuevo.

—Mm —Chu Yi asintió.

Yan Hang sacó su teléfono y tomó algunas fotos del escenario mientras escuchaba la pequeña charla entre ellos.

Este teléfono Leica[1] era muy bueno para tomar fotografías impresionantes.

El escenario estaba muy iluminado. A excepción del color de la luz, estaba rodeado de una densa oscuridad, lucía muy solitario.

—Tu tartamudeo —Su papá miró a Chu Yi—. ¿Cuándo empezó?

—No re-recuerdo. —Chu Yi pensó un momento—. Mi papá dice… que ta-tarde demasiado en hablar. Y se me… di-dificultaba. La abuela si-siempre se de-desesperaba y me… regañaba. Pero es peor… cuando me re-regaña.

—Entonces fue por miedo —dijo su papá.

—Mm. —Chu Yi sonrió—. No soy es-estúpido.

—Se nota —dijo su papá—. Trata de hablar más despacio. Si pronuncias palabra por palabra, tal vez no tartamudeees.

—En serio… —dijo Chu Yi.

Yan Hang activó el video en su teléfono y enfocó a Chu Yi.

—Mira, no tartamudeaste. —Su papá aplaudió.

—Básicamente no tartamudea cuando dice pocas palabras —dijo Yan Hang.

Su papá se rio: —Entonces trata de decir frases más largas. ¿Cuántos años tienes, Chu Yi?

—Catorce, esa re-respuesta —Chu Yi suspiró—. Es un poco ma-más grande, ¿no?

Yan Hang se rió tan fuerte que no pudo sostener su teléfono: —Tu trasero es más grande.

—Bien. —Chu Yi volvió la cabeza y vio el teléfono frente a él—. ¿Estás tra-transmitiendo…?

—No, video —dijo Yan Hang.

—P-por.. qué … por… qué, qué… —Chu Yi estiró las palabras y se rio—. ¡Ah!

—Despacio —dijo Yan Hang con una sonrisa—. Si fuera tan fácil de componer, nadie tartamudearía.

—Mm. —Chu Yi levantó la taza y tomó un sorbo de té con una sonrisa—. Este… té… es muy fra-fragante.

Yan Hang y su padre no tenían noción alguna del tiempo. Él debido al insomnio. La mayoría de las veces, la noche era solo más tiempo posterior al día, y a su padre no le importaba nada.

Cuando Chu Yi vaciló y dijo que debía ir a casa, notaron que eran casi las 11 en punto.

—Ah. —Su papá se puso de pie—. Deprisa, abordemos un taxi.

—Supongo que no podremos abordar un taxi en este momento. —Yan Hang miró hacia la plaza, la multitud todavía estaba en su apogeo—. Hay mucha gente.

—El… autobús —dijo Chu Yi.

A Yan Hang no le gustaban los autobuses, podía correr durante dos horas, pero no deseaba subirse en el autobús ni diez minutos. Ni sentado.

Pero esta noche no había otra forma de irse. Definitivamente no conseguirían un taxi. Y tardarían demasiado en caminar de regreso; solo podían apretujarse en el autobús.

Y realmente iban apretujados.

Aparte de ellos tres, otras personas no consiguieron taxi. A esa hora solo había un autobús. Fueron los primeros en formarse en la fila. Después de subir al autobús, Yan Hang descubrió que había un sinfín de personas abordando el autobús. Era igual si subían primero, o subían después, todos estaban amontonados.

—¡Aguanta, resiste, Sí se puede! —Chu Yi quedó cara a cara con él, y trató de hacerse el listillo.

Yan Hang suspiró y se rió: —Cállate.

Nadie se bajó del autobús después de una parada, incluso subieron más personas.

Chu Yi suspiró e intentó hacerse a un lado desesperadamente, probablemente porque quería separarse de la mujer que estaba recostada sobre su espalda.

Justo después de moverse, se detuvo de repente y miró a Yan Hang. —¡Ah!

—¿Qué? —Yan Hang se sobresaltó y bajó la voz—. ¿Se te paró?

—…No, no es. —Chu Yi volvió a bajar la cabeza, y luego volvió a levantarla—. To-todavía soy… menor de edad, ese ti-tipo de… conversación es i-inapropiada.

—Entonces, ¿de qué te sorprendiste? —preguntó Yan Hang.

—La… piedrita —dijo Chu Yi—. No ¿se cayó?

—No. —Yan Hang se esforzó por frotar su tobillo izquierdo, donde tenía atada la piedra, contra la pantorrilla derecha, y la sintió después de un momento—. La siento. No se va a caer tan fácil.

—Oh. —Chu Yi suspiró aliviado—. Pi-pisé algo duro… creí que era la… piedra.

—No te preocupes. —Yan Hang sonrió—. En realidad, nunca he recibido un regalo. No la perderé tan fácilmente.

Cuando se bajaron del autobús, Chu Yi se esforzó por agacharse. Era como un trastorno obsesivo-compulsivo. Tenía que ver qué había estado pisando.

—¿Lo viste claramente? —preguntó Yan Hang.

—Una tapa… de botella. —Chu Yi se enderezó la ropa que estaba toda arrugada.

—Una tapa de botella, ¿eh? —dijo Yan Hang.

Chu Yi se rió: —Me equivoqué.

—Apúrate, tu abuela te regañará si llegas tarde —dijo Yan Hang.

—No… por la noche… de-deja de vigilarme —dijo, pensó en hablar más despacio, así que lo repitió de nuevo—. Por… la… noche… de-deja… de… cuidarme.

Yan Hang sonrió. Un automóvil detrás tocó la bocina.

—¡Chu Yi! —gritó alguien.

Yan Hang volvió la cabeza y un pequeño automóvil blanco se acercó y se detuvo junto a ellos.

La ventana del pasajero estaba abierta, Yan Hang miró hacia adentro y vio a un hombre de mediana edad que miraba hacia afuera.

—Mi… papá. —Chu Yi se acercó—. ¿Re-regresaste?

—¿A dónde fuiste? —Su papá abrió la puerta y salió del auto—. Sube. Te llevaré.

Después de decir esto, el padre de Chu Yi los miró a ellos y, después de mirar más allá de Yan Hang, se sobresaltó.

Yan Hang miró rápidamente a su padre, pero su expresión era normal, estaba sonriendo incluso: —Chu Yi, regresa con tu padre. Nosotros ya estamos muy cerca, y llegaremos allí en dos pasos.

—Yo… —Chu Yi vaciló.

—Sube al auto. —Yan Hang le dio una palmada en la espalda—. ¿Quieres volver solo?

—Oh. —Chu Yi sonrió, abrió la puerta y subió al auto. Luego se apoyó en la ventanilla—. Me… divertí… mucho hoy. Buenas… noches.

—Buenas noches —dijo Yan Hang.

—Buenas noches, tío. —Chu Yi le sonrió al papá de Yan Hang de nuevo.

—Buenas noches. —Su papá hizo un gesto con la mano.

Después de que el automóvil se alejó, Yan Hang y su padre se quedaron al costado de la carretera y no se movieron.

Después de estar en silencio por un rato, Yan Hang miró a su papá: —Probablemente no sea la primera vez que el papá de Chu Yi te ve, ¿verdad?

—No sé. —Su papá encendió un cigarrillo y continuó—. Al menos, es la primera vez que yo lo veo.

Yan Hang guardó silencio durante un rato y lo siguió.

Nunca antes habría preguntado, pero ahora se sentía como un libro ambulante de 100.000 por qué.

~~~

[1] Leica es una compañía alemana dedicada a la fabricación de instrumentos ópticos de precisión. Es afamada por sus cámaras. También varias marcas de celulares (como Huawei) tienen integradas cámaras Leica.


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