Esclavo Corporativo V2-09

Me suplicaron

Existían tres órdenes de caballeros en el reino de Romani.

La primera orden tenía la tarea de salvaguardar el reino, y se encargaba de la seguridad general.

La segunda orden custodiaba a los pilares de la nación; la familia real y los aristócratas.

La tercera orden, de la que Aresh estaba a cargo, cuidaba las fronteras de bestias mágicas y enemigos extranjeros.

Cada orden tenía su propio color. La primera orden era rojo; la segunda orden, verde, y la tercera orden estaba uniformada de negro.

El color del departamento de magia era púrpura, el del departamento legal era azul y el de contabilidad era un soso café.

En otras palabras, el hombre de capa verde que claramente lo había emboscado, era el líder de la Segunda Orden de Caballeros.

Bueno, incluso antes de eso, Seiichirou ya lo había conocido, porque previamente se molestó a grado extremo por el escándalo causado por los subordinados del hombre. Así que no pudo más que fruncir el ceño.

Aunque lanzó un suspiro mental, Seiichirou le hizo una reverencia.

—Comandante Makovskar. Disculpas por mi falta de decoro.

Después que Radim Makovskar asintió ligeramente en respuesta a la reverencia de Seiichirou, preguntó: —¿Puede concederme algo de tiempo?

El plan de Seiichirou para hoy era trabajar en el departamento de contabilidad en la mañana y hacer investigación en la biblioteca de la corte por la tarde. Ya hubo una disrupción por Jullius, no quería agrandarla.

—Mis disculpas, después tengo un compromiso previamente acordado…

—No tardará mucho.

No tenía forma de rehusarse.

Lo llevó a la sala de recepción en el cuartel de caballeros.

Mientras Radim lo conducía a su destino, al ver que Seiichirou inconscientemente miraba intranquilo los alrededores, las cejas arqueadas de Radim bajaron.

—… Tranquilo, ningún caballero le pondrá la mano encima.

Era inevitable que Seiichirou sintiera repulsión por los caballeros, después de ser asaltado por los miembros de la segunda y tercera ordenes por ser un molesto polizón de la Santa. Considerando eso, Radim tranquilizó a Seiichirou, pero a él le preocupaba un problema mayor.

Este era el cuartel de caballeros. En otras palabras, era el lugar donde Aresh, el capitán de la tercera orden, estaría probablemente.

Tras el asalto de antes, sus heridas habían sido sanadas por Aresh, y le pagaron una significativa suma en compensación. Además de eso, la segunda y tercera orden ahora estaban en deuda con él, lo que hacía que asignarles presupuesto y otras tareas fuera más fácil, y eso era suficiente para Seiichirou.

Su gran preocupación por el momento era que Aresh no lo descubriera trabajando en su día libre.

Estaban hablando de Aresh, que siempre fastidiaba a Seiichirou para que descansara. Si lo descubría trabajando en un día libre, ¿qué sería de él…? El peor escenario era que lo confinaría a la casa en sus días libres.

No, peor, ¡podría forzarlo a descansar en un día laboral!

—… Entonces, ¿qué quería decir…? Por favor sea breve.

—Ah… es cierto.

Radim, que aún tenía la impresión errónea de que a Seiichirou le disgustaba estar con los caballeros, se disculpó y le ofreció el asiento y se sentó enfrente de él.

—De lo que deseaba hablar era sobre su Alteza Julius.

¿Había algo más que decir?

Seiichirou asi frunció el ceño inadvertidamente, pero el trabajo principal de la segunda orden era proteger dignatarios. La mayoría de sus labores estaban relacionadas con la realeza. Era algo bueno que el capitán fuera tan entusiasta con su trabajo.

—¿Podría por favor llevarse bien con Su Alteza y la Santa?

—Me marcho.

~~~

—¿Eh?

En su camino al cuartel de caballeros, Orzif Rowder, comandante adjunto de la tercera orden, vio una capa de un color que rara vez veía y se detuvo de golpe.

—Ese es…

La capa café ciertamente pertenecía al departamento de contabilidad.

Aunque estaba dentro del palacio real, el departamento de contabilidad estaba localizado en la esquina más lejana. No existía razón para que se acercaran tanto al lugar de entrenamiento.

Además, vestir una capa significaba que tenía un título oficial.

Y refiriéndose a personas con título oficial en el departamento de contabilidad, se habían difundido rumores de que el primo de Orzif, Aresh, el capitán de la tercera orden de caballeros, se había camelado al del otro mundo.

—Si recuerdo correctamente, su nombre era… ¿Con… wou?

—¿Qué pasa con Seiichirou?

—!!!

Aunque era un caballero, Orzif creyó que el corazón se le saldría por la boca ante la voz que llegó desde atrás, sin advertencia.

Al darse la vuelta, el hombre detrás de él era al que había imaginado, por supuesto.

—A-…Aresh… No me asustes así.

—Tú eres el que se asusta solo. Y dime, ¿qué pasa con Seiichirou?

Aresh repitió sus palabras con aire indiferente, incluso mientras lo fulminaba con su mirada resentida.

—¿Seiichirou?

Orzif inclinó la cabeza en confusión ante el nombre desconocido. Entonces se percató que era el nombre de pila del hombre del otro mundo cuando escuchó:

—Estabas hablando de él.

—Ahh, hace un momento…

Entonces lo comprendió.

Aresh, que era magistral en todo lo que hacía y nunca había estado interesado en nada en el pasado, había estado actuando de maneras sorprendentes últimamente. Descubrió que el del otro mundo tenía mucho que ver con eso.

Aresh, que había sido obligado a aceptar el rol de capitán de la tercera orden; un puesto que todos anhelaban, por así decirlo, hacía su trabajo como si fuera una carga. A pesar de su actitud, por ser más fuerte y mejor que todos los demás en el reino, además de tener el linaje y el atractivo, no recibía quejas de la gente a su alrededor, e incluso se había ganado admiradores.

Pero por alguna razón, últimamente había empezado a prestar más atención a las actividades de sus subordinados e incluso hacía el papeleo sin quejarse.

Y hasta donde había escuchado, de alguna forma, ese Aresh, ESE Aresh, incluso se había enamorado por primera vez. Por eso se estaba esforzando tanto en el trabajo.

Orzif no podía olvidar la emoción de cuando escuchó la historia por primera vez.

Ese Aresh sin emociones, quien parecía haber nacido sin sentimientos. Ese Aresh consideraba especial a alguien. Aun más, ¡incluso le pidió consejo a él!

Orzif había frenado su incansable curiosidad con su voluntad de caballero y escuchó pacientemente a Aresh.

La historia de Aresh era bastante cliché, pero estaba tan llena de emociones agridulces que Orzif no pudo más que rememorar su juventud.

En otras palabras.

“Eso” de lo que Aresh estaba hablando podría considerarse “su primer amor”.

Orzif escuchó contento los aflicciones de su primo, que estaba desconcertado ante sus sentimientos recién descubiertos.

Orzif solo le preguntó lo mínimo, porque sabía que si se inmiscuía en sus asuntos, tal vez no quisiera volver a pedirle consejo nunca más.

Sin embargo, Orzif observó atentamente a los que estaban alrededor de Aresh, ya que, por supuesto, deseaba saber quién era.

Sin embargo, con consternación, no pudo encontrar a nadie alrededor que encajara con la descripción de Aresh.

Excepto, claro, por el hombre del otro mundo.

La forma en que Aresh hablaba y actuaba con ese hombre había cruzado hacía bastante los límites de la sobreprotección.

Cuando el extranjero estaba allí, era la prioridad, sin importar en qué más estuviera ocupado. Aresh siempre estaba preocupado por él.

Aun más, cuando escuchó que Aresh había abandonado la casa de sus padres y empezó a vivir con el extranjero, las suposiciones de Orzif se confirmaron.

El receptor de esos “sentimientos” de Aresh no era nadie más que el hombre del otro mundo.

No se habría percatado en absoluto si Aresh no le hubiera pedido consejo.

De hecho, muchas personas a su alrededor simplemente pensaban que el capitán Indrak era bueno cuidando de las personas.

Ese bicho raro adicto al trabajo no tenía ninguna relación cercana con Aresh, pensaban.

Sin embargo, si se consideraba todo, la posesividad de Aresh por el hombre del otro mundo parecía excesiva.

Y ese hombre había sido llevado a la sala de recepción por el comandante Radim.

¿Qué sucedería si Aresh se enteraba? La respuesta era clara como el día.

Eran las horas laborales, y más importante, no sería bueno que los líderes de dos órdenes de caballeros tuvieran una disputa.

Orzif decidió hacerse el tonto.

—No, acabo de escuchar sobre la siguiente expedición, así que me preguntaba si él vendría.

—La primera vez fue debido a la presión de los altos mandos, y porque preparó el plan para sellar el miasma. Originalmente tenía una constitución débil y no debería haber sido llevado al Bosque Mágico. No permitiré que vaya una segunda vez.

¿Tenía él derecho a decidir? A pesar de preguntárselo mentalmente, Orzif asintió en acuerdo.

En cualquier caso, sería mejor marcharse lo más pronto posible.

—Hablando de eso, ha llegado un documento sobre esa expedición. Está en la oficina, ¿puedes inspeccionarlo?

—Por supuesto.

Asintiendo, Aresh dio unos pasos vacilantes, pero luego se detuvo y miró atrás.

Orzif estaba en guardia, preguntándose si aún faltaba algo, pero Aresh abrió la boca y dijo muy serio, derrochando su amor de colegial.

—Solo yo puedo llamar Seiichirou a Seiichirou. Su apellido es Condo. Si quieres nombrarlo, llamalo así.

Orzif no respondió, conteniendo sus ganas de vomitar.


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